Las energías externas giran, sobretodo, alrededor de la energía procedente del Sol (de ahí que se le llame externa de la Tierra), ya que ésta interviene en el resto de procesos, como por ejemplo, en el deshielo de los glaciares, de manera que el agua que fluye a lo largo del recorrido desde lo alto de las montañas hacia el mar erosiona todo el terreno a su paso, por lo que lo desgasta.

Otras tipo de energías externas son el agua, ya sea precipitando o chocando contra los escarpados acantilados en las costas, y el viento, que influye en el deterioro de las rocas.
